Arriba, abajo, al centro y “pa” dentro

Arriba, abajo, al centro y “pa” dentro, o cómo explicar el dolor de una crisis de Cefalea en Racimos

Es muy habitual que el entorno personal que rodea a un sufridor de Cefalea en Racimos (CR) califique a este de ser una persona muy exagerada y que se queja de una manera desproporcionada ante lo que la mayoría considerará un simple dolor de cabeza.

También es habitual, sobre todo al inicio de la enfermedad, que el sufridor quiera explicar lo intenso de su dolor y que reciba a cambio respuestas nada satisfactorias, que aún con la posible intención de ser empáticas, producirán en el sufridor el efecto contrario. Estas frases suelen ser del tipo “a mí también me duele la cabeza” , “tomate una pastilla”, “acuéstate a oscuras y en silencio”, y algunas menos conciliadoras como la famosa frase barcenaria de  “se fuerte”, o esa otra del colega duro y machote “te quejas por na”.hablar mal

A menudo, la insistencia del sufridor de CR en su desesperación por explicar sus crisis, a su jefe, su compañero o su supuesto amigo producirá en estos una actitud de evitación, escape y rechazo, posiblemente comprensibles para los sanos:  “ya está aquí el cansino del dolor de cabeza” ,“que coñazo de tío”, “como si fuera el único al que le duele la cabeza”.

Estas primeras actitudes del entorno del paciente, así como la errónea decisión por parte de este de intentar explicar lo inexplicable, pueden ser el inicio de los primeros síntomas de un estado de ansiedad y posterior depresión que llevarán a empeorar, más si cabe, su estado de salud.

Algunos de estos problemas, sobre todo en el caso de los pacientes crónicos, se solucionarán por si solos, ya que, en muchos casos, será despedido de su empleo, su pareja lo abandonará y sus supuestos amigos lo dejarán de llamar e interesarse por él.

Los sufridores con mayor resiliencia, y posiblemente más afortunados, reordenarán su escala de valores, realizando un proceso de aceptación y de reconstrucción de su realidad actual y podrán sobrellevar el problema de una manera más o menos digna, pero aquellos que por diferentes razones no puedan superarlo (aislamiento, ansiedad, depresión, problemas económicos, sentimentales, etc.) se sumirán en estados psicológicos de difícil tratamiento.

Dicho todo lo anterior, no deja de ser una obsesión que el sufridor de CR quiera explicar cómo es su dolor.

Algunos pueden lte lo voy a explicarlegar a pensar que sería posible utilizar una variedad de objetos punzantes o taladrantes para aplicar a sus interlocutores (un berbiquí por la oreja, por ejemplo) pero bien analizado sería demasiado severo y conllevaría otro tipo de consecuencias jurídico/penales que producirían en el sufridor un aislamiento por tiempo prolongado, esta vez, de carácter obligatorio.

Algo menos dañino, y aunque no del todo real, es provocar al interfecto en cuestión lo que se denomina científicamente, según la Sociedad Internacional del Dolor de Cabeza (International Headache Society) , como “la cefalea por estímulo frío”.

Es cuestión de reunir a todos aquellos necesitados de explicación y preparar, por ejemplo, un delicioso y refrescante sorbete de limón. Es muy importante utilizar copas cuya capacidad sea cercana a los 200 ml por “cabeza”.

Para obtener mayor éxito se requiere distribuir una copa por cada uno de los participantes, y a modo de brindis, pronunciar las sorbetepalabras “arriba, abajo, al centro y pa dentro” para que, de manera simultánea, y a ser posible rápida, ingieran hasta la última gota.

Aunque el efecto solo dura de 5 a 30 segundos y no en todo el área de dolor que produce una crisis de CR ,  si se consigue,  la sensación será bastante similar , solo queda añadir a los recién refrigerados que imaginen despertar con ese dolor, con una duración que puede llegar a tres horas por cada crisis, en la sien, en la boca, en la nariz,  en el ojo y en la parte posterior de la cabeza (por resumir , media cabeza) , y hasta 8 veces al día.

Muchos lectores habrán experimentado alguna vez esa sensación dolorosa y es muy posible que sus neuronas, aquellas que están encargadas de la memoria, lo almacenen en su cerebro como un tipo de dolor que recordarán fácilmente.

Si el lector ya lo ha entendido, gracias.Si lo quiere entender, pruebe, y si es de los que sigue pensando que esa persona es un exagerado, pruebe también, no vaya a ser que en su desesperación, a ese quejica,  le dé por la compra compulsiva de elementos de ferretería destinados a una explicación mas contundente.

Ramón Terriza

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